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nuevo libro de Eric Rolf...........

Me parece que puede ser un excelente y valioso regalo durante estas fiestas navideñas que vienen. El precio del libro es 6 euros mas gastos de envió de 2 euros por libro. Si compras 10 serán solo 60 euros con los gastos de envío incluidos. Este es un librito en papel no un libro electrónico. Todos los libros van dedicados.

Aquí les regalo un trozo del libro, el prologo y el primer capitulo. Si te apetece seguir leyendo enviarme un correo electrónico.

El Minero y La Diosa
Eric Rolf

Prologo –“¿Para que buscar?”

Sí, es cierto. Toda búsqueda consiste en buscar algo más allá de lo que aparentemente buscas. Algunos dicen que el ser humano busca un sentido: básicamente ¿quién soy? y ¿para qué estoy aquí? Otros, de forma sucinta, dicen que toda acción es una búsqueda de Dios.  

¡¿Buscar a Dios?! Con un poco de humor negro pudiera parecer que uno quiere asaltar el cielo. ¿Y cómo saber que lo has encontrado, que has dado con ese “no va más”? Aquel que lo pregonaba corría el peligro de acabar mal. Si Dios juega al escondite, no resultaría fácil encontrarlo, y parece que no le gustan mucho los que andan por ahí diciendo dónde se esconde y que ellos sí lo han encontrado.

Personalmente esto último no lo tengo tan claro ya que en mi opinión Dios no juega al escondite con las personas. Más bien, mi experiencia me indica todo lo contrario: que la existencia es totalmente generosa, dando en todo momento; que la esencia del misterio de la vida se puede notar a cada paso, siempre y cuando tengamos la capacidad de percibirlo y agradecerlo. Para eso está el gran desafío de aceptarnos a nosotros mismos. Ese es el comienzo para aclarar y poder elevar nuestra percepción.  

A nadie le gusta admitir que no puede ver lo que tiene delante de su nariz, pero ahí está lo veamos o no. Cuando alguien llega a notarlo le llamamos genio o afortunado y así evitamos nuestra responsabilidad.  

A los grandes maestros así como a los grandes artistas no se les suele apreciar demasiado en vida. Se les aprecia más después de muertos por otros que no llegaron a conocerlos directamente en vida. La gracia de toda obra de arte maestra es que siempre sigue viva. En eso transciende al artista. El artista y el maestro sencillamente son unas burbujitas vivientes como las del cava que añaden un poco de sabor y gracia a la uva fermentada. Es para disfrutarlos en su momento y en el tuyo.

¿Para qué buscar?  

Quizás para dejar de buscar. O más bien para que desaparezca el buscador y aparezca el mensajero silencioso, aquel que indica el camino para desaparecer y la semejanza divina que llevamos en nuestro corazón por la cual se crean universos de todo tipo; esa llama creativa de la vida que es tanto una añoranza como una llamada. A ese momento de auto-aceptación lo llamo “despertar” y a su continuidad dinámica, vivida: la inspiración.

El místico busca a Dios, pero el artista se conforma con la diosa, su musa personal.  

Todos somos artistas, creadores, lo sepamos o no. La palabra artista es como un nombre universal del propósito de vida del ser humano y a la vez también incluye el tener una misión (expresarse), una visión (entregarse), una meta u objetivos concretos (completarse), medios para utilizar (el camino), y las acciones (el desaparecer y reaparecer renovado a cada momento como la vida misma). Sólo el hecho de que tanto el planeta como nosotros somos un 80% agua, la gran metáfora de las emociones, indica que en gran parte estamos aquí para sentir, para escuchar, aceptar y tomar una acción nueva para dar vida y libertad de alguna manera. A esa acción con visión, dirigida conscientemente a hacer visible lo invisible la llamo “la imaginación”.  

Para mí una metáfora para esa búsqueda universal es el minero. Todos somos de alguna manera mineros buscando nuestra mina de oro. Dicen que el silencio es oro. ¿Y si se tratara tan sólo de que cuando nos aceptamos, cuando nos dejamos de juzgar, se detienen los ruidos interiores y podemos entonces aclarar la visión, y ver los tesoros que siempre tenemos delante? Eso, a mi parecer, es encontrar nuestra mina de oro. Con ese fin les ofrezco lo siguiente:

Susurros

El hombre susurró  “Dios, háblame”

Y un pájaro cantó.

El hombre no lo oyó.

Entonces el hombre gritó  “Dios, háblame”

Y un trueno sonó por el cielo,

Pero el hombre no escuchó.

El hombre miró a su alrededor y dijo

“Dios, déjame verte” y una estrella brillante parpadeó,

Pero el hombre no lo notó.

Ahora, el hombre chilló  “Dios, muéstrame un milagro”

Y una vida nueva nació,

Pero el hombre no se dio cuenta.

Así que el hombre con llantos de desesperación imploró

“¡Dios, tócame y déjame saber que estás ahí!”

Y Dios extendió su mano y tocó al hombre,

Pero el hombre espantó la mariposa de su brazo

Y se fue, aún confuso, sin saber quién es.

Anónimo

Capitulo 1

Otoño, Vendimia   (ven, di mi alma)

Una tarde de Septiembre un minero andaba por el Pirineo, como siempre, buscando su mina de oro. Estaba atento, observaba su entorno, y a la vez disfrutaba de ese día soleado, seco y con aire quieto. Yo, como siempre, lo observaba a él.

Todo estaba en calma, como si la naturaleza tomase un respiro después de los esfuerzos del verano. El otoño es un sentir con certeza; que todo está bien, en su sitio y su momento. Ahora tocaba celebrar la cosecha y compartir sus frutos. Me encantan las fiestas, lo que es celebrar. Hoy en día, se celebra poco y se “ cerebra ” demasiado que es un poco como “ser ebrio” con poder y fantasía.

Celebrar es un momento de alegría en sí mismo, y ocurre en el instante en que se hace o se le da forma a algo, sea en la tierra o en la propia vida. Cuando uno da atención, cuando uno labra, uno da cariño y al vaciarse, alcanza la alegría. Cuando todo lo que haces lo acompaña la sonrisa del alma estás celebrando, es el acto de Celebrar. Yo soy a la que invitas con esa sonrisa y vengo a tu fiesta.

El día y el minero tenían afinidad, semejanza. Los dos eran plenamente conscientes y vivían ese momento otoñal—cálido, agradable, optimista, animado, con cuerpo y con sentido. En   otoño la naturaleza se realiza. Es en el otoño que se ve mas claro el propósito de la naturaleza y de la vida.

Hay similitud con la búsqueda del Cáliz, ese Santo Grial donde la vida vertió su gracia, su vino divino; ese milagro de agua y magia, encarnado y simbolizado por la uva. Entre las cualidades de la uva se encuentra la ternura, la dulzura, y su capacidad de fermentación que serían similares a la sensibilidad, el cariño y el crecimiento espiritual.

Sí, todos somos mineros, todos buscamos nuestra mina de oro, que también es un peregrinaje de poder, de reclamar “nuestra tierra santa”. A todos le llega su momento cuando sabes que tu mina de oro la tienes delante y que tú mismo eres el cáliz, tú eres lo que buscabas.

 

En toda la naturaleza y en todos los actos donde se espera el fruto, es de suma importancia saber reconocer el momento de cosechar
(el cosmos echa), cuando se recoge. Saber cuando toca la vendimia es cosa de ricos. El pobre no suele tener suficiente fe, expresada como paciencia.

Suele ocurrir a finales de verano o principios de otoño, generalmente en la primera quincena de Septiembre. Dicen los físicos cuánticos que el universo entero depende del observador. Hay que ser minero-observador, el que observa de forma consciente podrá saber cuándo es el momento, tu momento, y suele ocurrir en el otoño.

Para el minero, ese era su día.

>>Hola minero, espera un momento.< <

(continúa ... Para solicitar libros envía un correo a Eric Rolf   awake895@gmail.com)

Eric Rolf © 2007

 
 
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