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cambia y suelta...........

En toda comunicación es el contexto o marco lo que determina el sentido, ese espacio dentro del cual esa información está estructurada y tiene su validez particular.

La gran noticia es que al cáncer se le puede poner un marco que nos permite entender el mensaje de su comunicación. Cuando entendemos una comunicación, cuando tiene sentido personal dentro de nuestro mundo habitual, es cuando podemos tomar la acción apropiada, bien para afirmarlo o para transformar y cambiarlo.

Ese marco, sencillamente, es que el cáncer es un hábito y, como cualquier hábito, se puede soltar y cambiar.

Para entender esto mejor, no es que sólo los que manifiestan un tumor maligno tienen cáncer, lo cierto es que todo el mundo tiene una serie de hábitos que operan en automático, casi de forma inconsciente; hábitos que ya no corresponden con quién eres (hábitos del que fuiste pero ya no eres, porque tú, como todo, evoluciona por naturaleza). En este sentido se puede decir que todo el mundo ya tiene cáncer, sólo que todavía no ha llegado a manifestarse en tumor (algo que pudiera ser   o verse como una especie de esquizofrenia física).

Estos hábitos se puede decir que ocupan o habitan un espacio, que tienen marcos basados en las cualidades de vida que uno valora más o menos, de distintas maneras. Esos valores son los que hemos venido a vivir como nuestro propósito de vida. Para hacer esto un poco más concreto, todo el mundo vive todo los valores, pero cada persona tiene como una receta particular del énfasis que le da a unos valores determinados. Son esos valores, en esa fórmula o combinación de énfasis particular, los que nos producen el efecto de que hay actividades que realmente nos apasionan y otras que, aunque igual de relevantes e importantes en nuestra vida, nos cuesta darles la atención que merecen.

Cuando hablo de las cualidades de vida, me refiero a esos conceptos que están claramente relacionados con nuestra percepción de nosotros mismos y de lo que parece que está ocurriendo.   Algunos ejemplos serían el amor, el cariño, la libertad, la valentía, la creatividad, la compasión, la alegría, la familia (la nuclear o la expandida), el poder, la felicidad y, por supuesto, los opuestos a éstas y las muchas otras cualidades de vida. Más adelante hay una página que menciona una cantidad bastante amplia de cualidades. Las cualidades también se puede decir que son conceptos relacionados con la forma o estructura de cómo nos sentimos con respecto a determinadas experiencias. Por eso, lo que está alineado con nuestra fórmula particular, nos tiende a apasionar y lo que está menos, nos resulta un poco indiferente o nos produce menos ganas de participar directamente.

Esa fórmula, ese propósito de vida, es lo que también permite que florezcan nuestras capacidades y talentos. Todo el mundo viene ya con los potenciales adecuados para desarrollar las capacidades y talentos que le permitirán expresarse y compartir con los demás, de distintas maneras.  

Dentro de este modelo de creatividad y comunicación espiritual y física, llamado la Medicina del Alma, sólo hay dos condiciones que reconocemos como enfermedades, ya que son el principal obstáculo al desarrollo consciente de nuestro propósito de vida, éstas son:  

La sordera espiritual—el no escuchar a nuestro interior, a la vida, a los susurros del alma o del corazón y, por consecuencia el no tomar las acciones apropiadas, en el momento, de acuerdo con nuestra visión de vida y metas específicas.

La tacañería espiritual—el freno al dar consciente, basado en marcos de pobreza, de resentimiento, de un auto imagen de carencia, de baja autoestima y de poco poder para dar y de que lo que das no sería valorado y aceptado.

También se puede decir que todo el mundo padece de estas dos condiciones, en más o menos grado, en relación a quién es hoy.

La suma de estos dos puntos de percepción que, aunque funcionan de forma casi aparentemente autónoma, sería nuestra condición de vida en el momento. Dicho de otra manera, estas dos áreas de percepción y acción, determinan el grado y el nivel de hasta dónde el alma se puede expresar adecuadamente a través de nuestra personalidad y de su ego.

La vida por fin es una aventura espiritual, un safari, una aventura del alma. Esta aventura tiene sus desafíos, a través de los cuáles, viviéndolos, podemos evolucionar.

El alma no se enferma, pero sí hay que alimentarla para   mantenernos alerta sobre quién somos, qué escuchamos y qué hacemos en cada momento. Si no alimentamos el alma, parece que nuestra vida se muere de hambre, en término de los obstáculos y frustraciones, a los que nos tenemos que enfrentar.

El Hábito del cáncer requiere desarrollar otros hábitos que nos llamen más. Hábitos que, en muchos casos, son lo opuesto a nuestros hábitos actuales; necesitamos transformar y renovar nuestra zona de confort: Más futuro/presente   que pasado/presente. Todo este conjunto requiere que uno realmente quiera apuntarse a sus propios cambios con un intento total. La mayoría, hasta más del 90%, sólo quiere que las cosas cambien, que los síntomas desaparezcan, pero sin ellos tener que realmente vivir un proceso nuevo; pagar el precio con su vida y no con su muerte.

Personalmente, a mí me parece que esto es algo que se requiere hacer con un buen mentor en el arte de vivir. Está claro que la decisión, el compromiso y las acciones las tiene que hacer la persona, pero también necesita un buen espejo en el que mirar sus acciones y   los resultados. Aquí lo que se premia, más que nada es la claridad—de visión, de metas, de acción y de evaluación, en términos del nuevo marco de vida. Sino es así, es muy fácil engañarse y caer en viejos patrones—recuerda que son hábitos y que son mayormente inconscientes, así que se requiere una conciencia alerta y desapegada que te haga de espejo.

La vida de cada persona se rige por sus hábitos.

Algunos han dicho que hasta el 95% de nuestras actividades son meramente variaciones de hábitos.  Un 4% son actividades que requieren algún punto de vista o decisión no familiar, o el tomar acción dentro de lo que pudiéramos llamar el misterio del momento presente.  

Sólo el 1% son acciones que se pudieran considerar como nuevas y novedosas.

Estas cifras son curiosas por muchos motivos y, a su vez, provocan cierta incomodidad. Indican claramente que todos tenemos una amplia “zona de confort” habitual que funciona básicamente en automático.   Podemos considerar esto nuestro espacio habitual.

Hábitos que viven dentro de un espacio.

Considera que el cáncer, al fin, es un hábito que se ha convertido en un vicio y ahora ese vicio te está destruyendo. A ese vicio lo podemos llamar “intentar lo imposible: vivir la persona que eras, la que ya no eres .”

Vivir y ser la persona que eres hoy, parece que   requiere para la mayoría de las personas, un esfuerzo de conciencia y unas acciones arriesgadas (sea el riesgo probable o sólo posible), que no estamos dispuestos a asumir. Todo tiene un precio y parece que el precio de ser la que eres ahora es demasiado alto.

Un sociólogo, Dr. Anthony Compello, hizo un estudio muy interesante y para mí revelador en lo que trata de la relación de La Medicina del Alma con el cáncer.

(La Medicina del Alma atribuye la base del cáncer a nuevos desarrollos y posibilidades interiores a los cuales no les damos salida. La nueva persona y su mundo nuevo a cuyo nacimiento nos resistimos. La resistencia a un cambio de mundos, algo casi igual a un cambio de nuestros hábitos inconscientes.)

El Dr. Compello entrevistó a 50 personas, todas superaban los 90 años de edad. A todas les hizo la misma sencilla pregunta ¿Si pudieras vivir tu vida de nuevo qué cosas fundamentales harías distintas?   Hubo muchas respuestas pero dos predominaron en el estudio:

1-Reflexionaría o meditaría más (escuchar, vivir el silencio.)

2-Tomaría más riesgos, seguiría más mis impulsos (dar más y de forma más variada y novedosa.)

En la Medicina del Alma hablamos constantemente de que el alma no se enferma pero sí hay que alimentarla. Si no la alimentas adecuadamente, parece que tu vida se muere de hambre y se llena de dolor y sufrimiento a todos los niveles—mental, emocional y físico.

Para eso están los que llamo los alimentos del alma, unas 18 áreas de la vida, donde tomar acción de forma regular alimenta el alma. Los primeros tres alimentos del alma son: la respiración consciente, la meditación y las actividades de creatividad consciente. Estos tres alimentos tomados cada día, te permiten vivir la conciencia personal, la satisfacción y la alegría de   ¿Quién soy hoy ? y ¿Para qué estoy ?

Un tal James Barclay una vez dijo que los dos días más importante en la vida de una persona son: “el día que naciste y el día que te enteraste “para qué”.

El ser, el alma crece, se expande, se convierte en otro que necesita más espacio, otro espacio habitual—hay que cambiar de barrio y realmente ser del otro barrio. Es como el que le toca la lotería, lo que tiene que hacer es hacerse rico o si no la perderá. Aquí también hay estadísticas curiosas: Las personas que obtienen una nueva e inesperada riqueza (herencia, ganar la lotería, etc.), a la cual ellos no están acostumbrados o en la que no participaron en su creación, suelen perder la mayor parte durante los primeros 18 meses.

En la Medicina del Alma hablamos de cambiar de mundos, que es eso que te da el espacio para transformar ese resultado que llaman cáncer.

Cambiar de mundos por necesidad provoca un cambio total de hábitos, especialmente en el porcentaje de lo que es nuevo y novedoso, y donde el resultado de la acción vuelve a ser un misterio, algo que nos mueve y nos entusiasma. Volvemos a tener ganas de vivir, de probar otras cosas. Somos nuevos, renacidos.

Somos el niño despertando el sábado por la mañana.

Lo curioso es que realmente somos nuevos cada día, por no decir cada instante. La cosa es que pensamos que somos el que fuimos, y más bien el que fuimos ya hace bastante tiempo.

Vince Lombarda, un gran entrenador del fútbol americano, famoso por sus maneras de motivar el deseo de ganar dentro de sus equipos, dijo: “Ganar no lo es todo, pero tener las ganas de ganar sí lo es.”

Podríamos aplicar esa gran idea a la vida misma: “El sólo hecho de respirar y andar en automático no es vivir, no lo es todo,   pero tener las ganas de vivir sí lo es” .  

También es más que curioso que la palabra “ganas” tenga ese doble sentido que indica, tanto un fuerte impulso, hasta un hambre, como el que logra lo deseado frente a un desafío. La raíz “anas” indica espíritu y en algunos idiomas, como el sueco por ejemplo, la palabra “andas” indica tanto espíritu como respiración.   Andas, en castellano indica caminar o movimiento, acción.   El hecho es que el ser humano es un 99% de energía espiritual, invisible, creativa y consciente; y sólo el 1% es materia.   Esto es, tanto un conocimiento como un dato científico, según los cálculos de los físicos quánticos. También es cierto lo que dijo Einstein que “en el universo físico nada ocurre hasta que algo o alguien se mueve.”

¿Y dónde nos movemos?

Pues, en el espacio, naturalmente.

¿Y cómo es tu espacio habitual?”

¿Es reflexivo, meditativo, creativo, impulsivo, novedoso, lleno de aventura, acción y movimiento, es   misterioso? ¿Te has enterado que tú eres para ti mismo el mayor misterio en el universo? ¿Estás viviendo tu propósito de vida de forma consciente? ¿Estás contribuyendo a los demás haciendo lo que realmente te apasiona?

Hasta la ciencia se está dando cuenta que el universo entero, al igual que tu mundo particular, depende de quién lo observa y de su punto de percepción. Cada persona, individualmente y en colectivo, crea su propia realidad en todos los sentidos. Si no lo has visto, vale la pena ver el documental “¿Y tú qué sabes?” que está en cines, video clubes y en Internet.

Nuestros hábitos, todos ellos, tanto los físicos como los del pensamiento, reflejan la suma total de lo que realmente creemos. Y ya que son mayormente automáticos y muchos hasta casi inconscientes, podríamos decir que de lo que se trata es de nuestra fe, que cuando le ponemos palabras, sería como nuestra religión verdadera y particular. Esa es nuestra identificación con el pasado, no con el alma, nuestra esencia espiritual individual, que cambia constantemente e intenta expresarse a través de nuestra personalidad, con su gran resistencia y obstáculo, llamado ego endurecido.

Nuestra alma, esa fuente de nuestra personalidad que está conectada con la fuente de la vida, está completamente consciente; está aquí en esta vida para vivir y cumplir un propósito y, aunque el alma es tranquila y poderosa, es totalmente apasionada, creativa e impulsiva y espontánea (espontaneidad y propósito van juntos; sin un propósito claro no hay verdadera espontaneidad).

El alma está en una constante evolución, en un cambio rápido y constante y se puede decir que pasa por etapas que son sólo parcialmente reflejadas en nuestros cambios físicos o nuestro crecimiento. Una persona de 60 años no se puede decir que es la misma que cuando tenía 15 años y es obvio que las diferencias van mucho más allá que el tamaño físico, ya que una de 15 puede ser más grande y más alta que una de 60. Realmente es otra persona, sólo tiene continuidad quizás en el nombre e ilusoriamente en sus memorias, que tampoco fueron tal cual las percibe o las recuerda ahora. Si el de 60 se intenta comportar como el de 15 en todos los sentidos tendrá problemas graves. Eso es obvio.

Lo que no es tan obvio, pero igual de grave, es   cuando no reconocemos nuestros cambios y evolución interior, cuando el que era ya no está, sólo está su memoria física, un poco un cadáver respirando y andando en automático . Esta especie de muerte-renacimiento ocurre a menudo alrededor de los 40, aunque puede ocurrir antes o después. Cuando no aceptamos ese cambio, cuando no lo integramos y no lo expresamos dentro de nuestra personalidad y nuestro mundo, es cuando se puede decir que existe el cáncer; estamos fragmentados entre el presente y el pasado. Esos fragmentos o aspectos de nuestra atención, identificados y apegados al pasado, se pueden considerar como tumores, aunque aún benignos.

En este sentido casi se puede decir que todo el mundo tiene los comienzos del cáncer aunque aún sin síntomas físicos. Cuando esos fragmentos del pasado ocupan en demasía nuestro espacio mental y emocional, cuando no queremos o podemos expresar suficientemente ese ser que somos hoy, es cuando se manifiestan los síntomas visibles, el tumor que, dependiendo de otros factores, pudiera ser benigno o maligno, canceroso y potencialmente letal.

Lo cierto es que todo cambia y eso te incluye a ti y a tu vida, quiera o no quiera tu personalidad y tu ego aceptarlo. Ese temor y resistencia a moverse para adelante, a dar el próximo paso de frente, de forma consciente, va a producir el cambio de mundo igual, sólo que lo vivirás de espaldas, con dolor, sufrimiento y con la misma intensidad de miedo que antes temías e intentabas reprimir.  

En esos momentos uno, o vive la vida intensamente, se apunta a un nuevo cambio radical y total, o vive la muerte, o sea la vida como algo que degenera y va a peor, algo tan catártico como caótico. Este proceso que en sí es natural se relaciona directamente con lo que se sabe de la entropía. La entropía se refiere a la tendencia que tienen todos los sistemas de moverse en la dirección del caos.

El cambio, el movimiento a lo nuevo y novedoso es todo. La vida es acción y movimiento. Propósito y pasión. También es cierto que nos resistimos al cambio, más bien a los muchos cambios que necesitamos hacer y hacemos cada día. Las consideraciones a estas resistencias, las dudas, los juicios y los apegos nos crean inseguridades enormes. O, más bien al revés, ----nuestras inseguridades crean las percepciones que se identifican, juzgan y se apegan. Nos parece que la seguridad material nos protegerá de esa inseguridad, algo que más pronto o más tarde, descubrimos es falso. Porque es visible, lo creemos, y nos identificamos y nos apegamos a esa materia de muchas maneras. Para muchos aún existe la creencia que eres cuanto tienes en términos materiales. La materia de propiedad personal es algo del pasado, un resultado de algo ya vivido. Puede estar ahí como los objetos que observamos en una habitación de hotel, los muebles, que están ahí para nuestro uso y disfrute, pero no son nuestros y mañana nos iremos y los dejaremos tan tranquilamente. La materia física sólo requiere administración y cuidado y nada más. Claro, eso requiere conciencia y tomar acción.

Cuando lo viejo y lo nuevo, lo muerto o muriendo, y lo vivo y naciendo, lo caótico y la posible nueva orden se enfrentan, se suelen producir tiempos tormentosos en nuestra vida. Esto ya es el cáncer en términos globales. Y, cuando también van acompañados de síntomas físicos y visibles, lo que llamamos cáncer, el tumor maligno, nuestro mundo entero se pone patas arriba. El cambio, la muerte y renacimiento, que ya hacía tiempo te pedía atención, ahora nos mira directamente y fijamente a los ojos, nuestras ventanas del alma. En estos momentos o vamos a lo conocido, funcione o no, como la medicina oficial en el caso del cáncer, o vamos a algo nuevo, novedoso y, aparentemente, más arriesgado. Obviamente, uno quiere escoger el camino que le de la mayor esperanza y posible calidad de vida. Quizás la medicina oficial no pueda cumplir en este campo, pero eso no indica que la ciencia y el arte no tengan opciones disponibles.

La Medicina del Alma y su paradigma es el resultado de arte e inspiración, más que de ciencia. Ahora, eso no quita que científicos explorando en otros campos, no estén llegando a conclusiones similares descritas en su propio lenguaje. Yo puedo dar constancia que datos científicos a menudo me han ayudado a profundizar más en la Medicina del Alma.  

También conozco a científicos de cierto nombre y reputación que han utilizado conceptos de la Medicina del Alma para abrirse puertas a nuevos campos de investigación o para darle sentido a algunos resultados de sus investigaciones que no se entendían dentro de otro contexto.

La Medicina del Alma habla del cáncer en relación con un cambio de mundos, una muerte y renacimiento de una nueva personalidad que más apropiadamente expresa quién eres hoy. Un ser más grande, con puntos de vista más amplios y, sobre todo, con más espacio en su vida para incluir lo nuevo, lo novedoso y lo misterioso; un ser que acepta y vive como un alma en evolución. Un ser nuevo, vivo, con propósito y pasión.

La ciencia moderna, diremos la más vanguardista, está explorando estos mismos temas de maneras distintas y, a la vez similares, especialmente los físicos, los químicos y los biólogos de tendencia quántica.

Para quienes les interese, aquí les incluyo un poco de información sobre los avances científicos que se relacionan con la conexión entre nuestra conciencia-mente-cerebro y lo que vivimos como personas y como sistemas energéticos cuando nuestros cambios de vida llegan a puntos muy intensos.

Ya hace tiempo que también la ciencia reconoce que el ser humano se resiste al cambio y su transformación se hace catártica. Sus sistemas de creencias, tanto subconscientes como inconscientes, están gradualmente cambiando y trozos de su viejo paradigma o viejo modelo de la realidad, suben a la conciencia de varias maneras, tanto internamente como en externa proyección. El proceso es uno: soltar lo viejo y aceptar lo nuevo, pero tiene sus desafíos cuando lo viejo y lo nuevo se enfrentan. Recuerda, los viejos hábitos no mueren fácilmente sin nuestra conciencia e intencionalidad. Muchas veces lo que notamos sobre todo es una gran confusión. No sabemos conscientemente que estas creencias que nos limitan se tienen que soltar.

Estas creencias limitadoras y memorias emocionales han sido muchas veces reprimidas a lo largo del tiempo y relegadas al subconsciente; nos hemos puesto de espaldas a ellas porque formaban parte de lo que se conoce como nuestro lado oscuro .   Esto hace referencia a esos aspectos nuestros y de nuestro mundo que nosotros, con nuestra percepción dual de bueno/malo, determinamos que eran inapropiados. Esta nueva conciencia de nuestro lado oscuro, a menudo, está acompañada de memorias y sentimientos o sensaciones dolorosas. Es como que el cerebro estuviera procesando dos distintos y opuestos modelos de la realidad—uno que divide el universo en “apropiado” y “no apropiado” y otro que ve o siente otra cosa, algo más holístico, integral y amistoso. Esto causa un estado temporal caótico en el cerebro, hasta que el viejo modelo se suelta de alguna manera, y el cerebro logra   reorganizarse a un nivel más elevado de percepción.

Para entender cómo eso ocurre físicamente, miremos un poco la mecánica del proceso   evolutivo en el cerebro. Existe hoy en día un modelo intrigante, que va ganando aceptación dentro de la comunidad científica, que describe el crecimiento evolutivo (incluyendo el crecimiento personal) en términos de las fascinantes investigaciones del químico teórico, Ilya Prigogine, que ganó el premio Nobel en 1977, por su trabajo en lo que él llama “estructuras disipativas”. Prigogine trabajaba en el campo de la termodinámica, donde durante más de un siglo, la ciencia observaba una aparente contradicción entre dos leyes naturales.

Por una parte, la segunda ley de termodinámica de Newton, que dice que la cantidad de azar o caos—a veces llamado entropía—en el universo siempre se está incrementando. Por otro lado, muchas cosas, incluyendo la vida misma, se están haciendo más ordenadas y menos caóticas. ¿Por qué, se preguntaban los científicos, algunas cosas evolucionan y crecen, cuando la tendencia general en el universo va a la descomposición y a estar menos ordenado?

Lo que Prigogine notó fue que lo que él llamaba “sistemas abiertos”—sistemas que son capaces de intercambiar energía y masa con su entorno—eran capaces de mantener sus estructuras y hasta crecer y evolucionar hacia sistemas más complejos porque tenían la capacidad de disipar entropía al entorno, de tal manera que la totalidad de entropía en su sistema no incrementaba. Estos sistemas mantienen su orden y hasta crecen a costa de su entorno o mundo.

Un sistema abierto—y el ser humano es un ejemplo principal—es un fluido de energía. Nosotros constantemente ingerimos luz, aire, agua, calor y alimentos, igual que mucha información a través de nuestros sentidos. De vuelta, disipamos al entorno dióxido de carbono, calor, desperdicios y la energía de nuestras actividades variadas. Y nosotros somos más que sólo un tubo con algo fluyendo a través nuestro; somos ese fluido, no una cosa pero sí un proceso, vivo, cambiante, evolutivo.

Los sistemas abiertos son muy plásticos, muy maleables y pueden aceptar todo tipo de fluctuaciones y variaciones en la información que les llega del entorno. Pero cada sistema, igual que cada persona, tiene un límite de cuánto caos y azar, cuánta entropía, puede disipar al entorno. Este límite está basado en la estructura del sistema y en su grado de complejidad. Para una persona esto sería su sistema operativo y fundamental de creencias sobre sí mismo y sobre el universo y el punto hasta dónde uno puede ver o tener una experiencia directa con la infinidad de conexiones que componen nuestro universo particular.

Si las fluctuaciones del entorno son demasiadas, el sistema no puede disipar suficiente entropía para mantener su estructura y entonces comienza a ponerse internamente caótico e inestable.   En otras palabras, como personas, nos sentimos sobrecogidos y agobiados. Si continuamos expuestos a este nivel e intensidad de información impactante, el sistema llegará a un punto donde estará tan inestable que otro pequeño impacto lo podría paralizar, parar completamente. En este punto el sistema tiene la capacidad de moverse en un infinito número de direcciones no previsibles, casi igual que una masa de personas enfurecidas a punto de una demostración violenta o que una persona en un punto crítico dentro de una grave condición física o emocional.

Este punto, que Prigogine llamó “un punto de bifurcación” (bifurcar indica dividirse en dos caminos), es como un momento de la verdad.

O el sistema se destroza del todo y deja de existir como un sistema organizado, o espontáneamente se reorganiza a sí mismo de una manera completamente nueva. Lo increíble   de esta reorganización es que el nuevo sistema es totalmente no casual y no lineal con lo que había antes. Lo nuevo es realmente un salto quántico, un ser nuevo y un mundo o estructura nueva. Es una muerte y un renacimiento y la característica principal del nuevo sistema es que ahora tiene la capacidad de administrar las fluctuaciones y la información impactante del entorno que habían hecho que el viejo sistema se sobrecogiera y se destrozara. En   palabras del mismo Prigogine “el sistema se escapa hacia un orden más elevado.” Desde el caos llega una nueva y más evolucionada orden.

Así es como funciona nuestra evolución personal. Todo crece de esta manera, sea una semilla, una empresa, un sistema de carreteras o un ser humano. Este proceso se está repitiendo millones de veces cada minuto en todas las células de tu cuerpo. Lo mismo ocurre, en mayor escala, en aspectos más amplios de nuestro ser. Cambios en creencias fundamentales y, especialmente en hábitos, pueden cambiar por ejemplo, cuando la vieja manera de ver y tratar con el mundo se ve sobrecogida por una gran variedad de información impactante y uno se agobia y no puede disipar la entropía necesaria para nuestra supervivencia. El proceso de envejecimiento también es un proceso donde parece que disminuye nuestra capacidad de disipar entropía hacia el entorno y que, eventualmente, puede desembocar en la muerte.

El ser humano, como digo, es el ejemplo supremo de un sistema abierto que constantemente intercambia energía con su entorno.   Hasta cierto punto el sistema (nuestras creencias y percepciones y acciones) puede con una variedad de fluctuaciones. Ahora, si la información impactante que entra sobrepasa nuestro límite, nos sobrecogemos, nos agobiamos y comenzamos a autodestruirnos, hasta tal punto que todo para; llegamos al cruce de caminos (el punto de bifurcación) y entonces el sistema o se destruye del todo o se reorganiza con un orden más elevado. Antes del punto de sobrecogida, las cosas en nuestra vida tenían sentido. Cuando estamos sobrecogidos, las cosas parece que dejan de tener sentido. Por fin, después de la reorganización, todo otra vez tiene sentido, pero de una manera completamente nueva, hasta casi ni imaginada nunca.

Esto me recuerda un poco el comentario que se hace a veces sobre el Zen.

Antes del Zen, las montañas son montañas y los ríos son ríos.

Con el Zen las montañas dejan de ser montañas y los ríos dejan de ser ríos.

Después que se despierta, que se integra el Zen, las montañas vuelven a ser montañas y los ríos vuelven a ser ríos, pero parece que estamos flotando a un metro del suelo.

La cosa es ¿cómo la Medicina del Alma puede facilitar este proceso?

Primero, el marco o paradigma conceptual, ya presenta un espacio más amplio de percepción y de posibilidades creativas, tanto de la vida como de uno mismo. En más de una ocasión yo he descrito los cursos de la Medicina del Alma como un viaje en una nave espacial a otro mundo, donde las personas son más o menos iguales y se visten y hablan más o menos igual, pero la física del mundo es completamente distinta: es más amplia, más amistosa, más creativa y más personalmente poderosa.

Hace poco he ampliado el paradigma a través de un concepto que llamo   “Estar Allí, Ahora—el movimiento perceptivo interior (MPI). Si el curso original era como un viaje al espacio en una nave, estos conocimientos te enseñan y te permiten conducir esa nave tú mismo.

Segundo, los alimentos del alma son maneras de tomar acción cada día, para estar en contacto con “¿Quién soy, hoy?” y “¿para qué estoy?” Con estos alimentos uno se mantiene espiritualmente nutrido o conectado con la fuente de la vida y puede escucharla y expresarla de forma creativa, nueva y novedosa en el mundo. Los alimentos del alma, dentro de la Medicina del Alma, son los siguientes:

1-Respiración consciente.

2-Meditación.

3-Oración.

4-Creatividad consciente.

5-Humor y risa.

6-Movimiento corporal consciente.

7-Espacios claros y limpios.

8-Conciencia de metáforas.

9-Usar y arriesgar la intuición.

10-Actos de poder, de intento.

11-Beber y usar agua pura destilada al vapor y hexagonalmente estructurada.

12-Sonidos conscientes, música, canto, mantras, frecuencias elevadas.

13-Viajar por el mundo frecuentemente.

14-Atender a lo que la vida te pone delante.

15-Aceptar desafíos, tomar riesgos, arriesgar el ego.

16-Dar conscientemente, organizar tu dar, ser generoso.

17-Tener un ordenador conectado al ciberespacio de Internet.

18-Conocer y vivir tu propósito de vida.

19- Hacer y contribuir a lo que te apasiona.

20-Tener una visión y un plan de vida—por escrito.

21-Organizar tu tiempo por escrito cada día.

22-Escoger, comprometerte y tomar acción.

23-Apuntarte, atreverte y arriesgarte.

24-Beber y compartir los remedios de oro silencioso.

25-Ser agradecido y practicar la gratitud y los sentimientos relacionados.

26-Mover tu imaginación de forma consciente, como una nave espacio-temporal (la nave galáctica Imaginando Uno)

27-Estar Allí, Ahora (internamente) y aquí y en acción, físicamente.

Dentro del proceso de alimentar el alma, le damos mucho valor a lo de escribir las cosas, a ese proceso de entrar dentro y sacar las cosas fuera, donde están visibles. Es un proceso de poner nuestra mente en una condición como más manejable conscientemente. Esto facilita muchas cosas y es un tema para un libro o un curso entero. En lo que se trata de ese salto quántico, de ese cambio de mundos consciente, sólo te digo que lo de escribir y planificar un poco cada día, es como una varita mágica que te conecta con una fuente de inspiración no realmente conocida antes. Es curioso que cuando uno viaja, más bien antes, es como si los sitios te vinieran a recibir de varias maneras metafóricas dentro del mundo físico. Este mismo principio se aplica a lo que podemos llamar el nuevo mundo perceptivo, adonde nos podemos dirigir. Aparte de planificar tu vida, vale la pena tener un diario o simplemente hacerte preguntas sobre ti mismo y tu vida, y escuchar y apuntar lo que se te ocurre como respuesta. Esto es para ti. Esto es tu espacio en blanco completamente íntimo, amistoso y que acepta lo que dices, sin juzgar de ninguna manera. Te permite fluir y arriesgarte a ti mismo y, en una acción, ir más allá del “ ¿ qué dirán” o el “¿qué pensarán?” Más que cambiar el mundo, uno tiene que cambiar y puede cambiar la manera en cómo ve al mundo, porque así lo será.

Un aspecto que se incluye en lo de escribir sería lo que llamamos planificación.   La planificación es esencialmente nada más que el movimiento de la imaginación a otra posibilidad y escoger y vivir eso en este momento—ser ese movimiento.

Entonces, en el día-a-día, uno trabaja ese ser interno para que más y más se vaya manifestando externamente.

Planificar es el reconocimiento activo de que ya tenemos un plan de vida, un propósito de vida. Lo que nos toca es hacer eso consciente y activo. Una guía para aclarar tu propósito es el tipo de actividad que te apasiona. Una buena idea es la de buscar en tu niñez y explorar las cosas que realmente te inspiraban internamente.

Una de las cosas más curiosas sobre el concepto de la planificación es que, sin planificar, lo que llamamos espontaneidad no es realmente posible. Así que la excusa de que yo no planifico porque prefiero ser espontáneo es simplemente una equivocación o hasta una mentira. Sin planes, cuando se presenta algo, uno suele pensárselo un poco. El pensar no viene de la espontaneidad–pensar es una acción interna que más bien paraliza el cuerpo y tu actividad en el mundo externo. Cuando ya tienes un plan y se presenta otra posibilidad, uno simplemente compara y lo incluye o no. Es ley de vida que lo mismo atrae a lo mismo o como dicen, el rico se hace más rico. Así que el que hace planes, que es un proceso creativo y no pensativo, suele atraerse más posibilidades, que diríamos están más o menos al mismo nivel energético. Lo contrario también es cierto, que sin planes claros tampoco son claras tus opciones.

Una de las maneras más efectivas de cambiar un hábito, o mejor dicho de establecer un hábito nuevo, es cada día planificar una actividad que refleje ese nuevo hábito—y cumplirla, naturalmente. Y ya que estamos hablando de cambiar un hábito es importante lo del enfoque positivo—lo de dejar las cosas, no funciona, porque te enfoca en lo que estás dejando. En cierta manera la mente es sólo positiva, es decir que si uno quiere dejar de fumar, la mente sólo entiende “fumar” que es una acción–”dejar” es una “no acción.” Cuando no estás fumando estás haciendo otra cosa; tu atención la pones en otra actividad.

Lo que llamamos la mente es más bien el ego.

Lo que realmente sería la mente en función es lo que llamamos imaginación.

Lo que llamamos la mente racional y analítica es, como dijo Einstein, un sirviente. Más exactamente lo que dijo fue:

“La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un sirviente leal. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y se ha olvidado del regalo.”

La mente, en términos más amplios, sería lo que tú llamas el mundo y todo lo que lo compone, visto desde tu punto de percepción.  

En lo que más compartimos con el mundo de forma amplia, más espacio establecemos que nos incluye.   El mundo eres tú, así que si le das energía y atención al mundo   (disipas energía), tanto tú como tu mundo se hacen más grandes y transformas tus estructuras mentales.  

Personalmente, yo estoy convencido, que hasta ocurren cambios en el propio ADN.  

Eric Rolf © 2006


 
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